Cosas de Jorge

domingo, 3 de agosto de 2014

Migas dulces



Como tengo albaricoques en casa y no sé qué hacer con ellos, encontré esta receta en Hogar Util, una receta que me llamo la atención su nombre “Migas dulces”.

Además esta receta cumple todos los requisitos que a mí me gustan, aprovecho dos rebanadas de pan duro, gasto dos yogures que andaban perdidos en la nevera, sandía que empezaba a pasarse y cerezas super maduras que andaban perdidas en los confines de mi nevera.

En las cantidades me pase tres pueblos, pensando que el postre era muy grande, hice muy poquita cena, unas habas con tocino, pero muy poquitas, casi un aperitivo y dejé como plato fuerte el postre, la mujer se lo termino, a mí me sobraron tres o cuatro cucharadas que las gallinas disfrutaron.

Ingredientes (2 personas):

1 rodaja de sandia
8 albaricoques
20 cerezas
2 cucharadas soperas de miel bien colmadas
2 rebanadas de pan del día anterior
Aceite

Preparación:

Para esta receta las frutas y las cantidades las podéis variar a vuestro gusto, realmente, este postre es más para 4 que para 2 personas.

En primer lugar freímos las rebanadas de pan en una sartén con un poco de aceite de oliva (los que lo prefieran más suave que lo frían en aceite de girasol).

Dejamos escurrir ambas rebanadas  sobre papel de cocina.

Mientras el pan suelta el aceite sobrante, prepararemos las frutas.

La sandia la cortamos a cuadraditos, desechando su cascara y sus semillas (si las tiene, la mía era de las de sin semillas).

Lavamos, deshuesamos y troceamos los albaricoques.

Lavamos y deshuesamos las cerezas.

Repartimos todas las frutas en dos recipientes.

Cortamos a cuadraditos las dos rebanadas de pan.

Unimos los cuadraditos de pan a las frutas y añadimos una generosa cucharada de miel a cada recipiente.

Mezclamos todo bien.

Sobre esta mezcla, colocamos un yogurt natural, sin azúcar.

La gracia del postre (para mi parecer) consiste en el gran contraste de sabores, al fusionar en una cucharada el dulce de la fruta endulzada con la miel, con el contraste del agrio del yogur y para rematar el crujiente aceitoso del pan frito, sinceramente, algo espectacular.